Durante meses hemos oído hablar de Marta del Castillo: su vida, sus amigos, su muerte.Los medios se han encargado de acribillarnos diariamente con la misma información, añadiendo alguna novedad puntual pero sin ningún dato que lo convirtiera en algo digno de llamarse noticia.
Ante la falta de información consistente, algunos medios se han dedicado a publicar imágenes de la menor y de sus círculos más íntimos, incluido su ex novio Miguel Carcaño que está a disposición judicial por su implicación en el asesinato de Marta.A las imágenes y conversaciones publicadas en tuenti – la famosa red social privada tan de moda entre los jóvenes- le han seguido diversas entrevistas y elucubraciones de pseudo periodistas, que más que informar han tratado de sobrecoger a una opinión pública que, desde mi punto de vista, es más que capaz de emocionarse por sí misma.
En cualquier caso, esto no es nada nuevo. Llevamos asistiendo a la devastadora denigración de la profesión periodística desde hace años, lo que no se puede tolerar es que esta comercialización del dolor ajeno se haga, además, transgrediendo la ley.El hecho de entrevistar a menores, como la joven de 15 años que apareció en varios programas de televisión (entre ellos Rojo y Negro, de Telecinco que ahora se enfrenta a una demanda de 120.000 euros), nos hace pensar que hemos llegado a la terrible conclusión del “todo vale”, a comprometer nuestra ética profesional, la dignidad de las personas y hasta el mismísimo sentido común con tal de hacer un punto más de audiencia que el rival.Tenemos que plantearnos hasta dónde va a llegar esta indecencia sensacionalista y carroñera que no sabe discernir entre lo verdaderamente interesante para el público y el más denigrante morbo, y que lo único que consigue es devaluar esta bonita profesión.
miércoles, 6 de mayo de 2009
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