Por primera vez en treinta años, las previsiones apuntan a que el PSE podría superar los escaños del PNV en las próximas elecciones vascas. Este resultado, añadido al hecho de que por primera vez la izquierda abertzale no tendrá representación por haber sido ilegalizada, supondría la posibilidad real de un gobierno no nacionalista presidido por un lehendakari del PSE.
En caso contrario, siempre quedará la posibilidad de un nuevo pacto del tripartito, PNV- Eusko Alkartasuna- Ezker Batua, pero puesto que una de las bases de la democracia es la alternancia del poder, tras treinta años de gobierno del PNV en Euskadi, lo más deseable sería abrir las ventanas de Ajuría Enea para dejar correr un aire nuevo que favorezca la higiene democrática.
Una de las grandes preocupaciones del País Vasco y del resto de España es el terrorismo. Un gobierno no nacionalista daría más empuje a acabar con ETA, no porque los partidos nacionalistas no deseen su extinción, como manifiestan con su “ETA kampora”, sino porque, a pesar de condenar la violencia, comparten el ideal independentista que la banda terrorista defiende, aunque ésta con unos argumentos nada válidos y unos métodos absolutamente deplorables.
Además, aunque la política del PNV ha sido eficaz en el día a día del pueblo vasco, ha sido manifiestamente ineficaz en sus relaciones con el resto de España y países del extranjero, ya que ha primado sobre el interés general de Euskadi el interés personal de Ibarretxe y su proyecto soberanista.
De cualquier modo, el PSE tendrá éxito sólo si sabe transmitir al pueblo vasco su voluntad de gobernar de forma independiente de Madrid y dirigir un gobierno por y para Euskadi que defienda sus intereses dentro y fuera de sus fronteras.
Ya lo dijo Miguel de Unamuno, “el progreso consiste en renovarse”, lo que la sabiduría popular ha transformado en “renovarse o morir”.
jueves, 26 de febrero de 2009
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